martes, 15 de marzo de 2011

El número 5

El siempre cogía el 5, y bajaba en la plaza San Agustín. Solía llegar tarde y dando un salto decía: perdona, mañana llegaré antes, con esa tímida sonrisa, pero el conductor ni se inmutaba...no entendía como podía no hacerlo...aunque comprendía porque siempre lo esperaba...llegaba con una mochila que por su forma debía ir cargada de libros. Siempre llevaba uno en la mano, siempre leía uno que me rondaba por la cabeza o me estaba leyendo yo. Solía estar medio vacío el autobús, aunque cuando el entraba lo sentía inmensamente lleno... a veces si tenía suerte elegía el asiento contiguo al mio, y me dejaba intuir la música que escuchaba tras esos grandes cascos...un día escuchaba algo de soul,  ayer sonaba rise against, y hoy trae a DePedro... a veces pinta en un cuaderno dibujos melancólicos enlazados con oscuridad y una pizca de magia, quizá sea un poeta como yo, o un pintor, un artista...yo no dejaba nada al azar y siempre escogía el asiento que daba a los jardines de viveros, ya que al pasar por allí, el siempre giraba su mirada para contemplarlos y así yo podía contemplarlo a él bajo mis gafas...me pregunto si sabrá que lo observo. He memorizado su rostro y si supiera modelar lo haría a la perfección, tiene unas facciones marcadas como los dioses griegos y una dentadura perfecta, cuando es invierno sus mejillas se enrojecen del frío y a veces las esconde tras una bufanda azul y cuando se la quita puedo ver esa mancha de nacimiento que tiene forma de guitarra, a lo mejor a su madre se le antojó tener un músico. Usa alguna colonia de hugo boss, y cuando se va ha invadido todo el autobús. Hemos hablado tres veces, una de ellas me preguntó la hora, la segunda me dijo si ese libro que ocupaba su asiento era mio, al decirle que sí saco el mismo de la mochila y rió tienes buen gusto , no lo sabes tú bien le conteste, y sonrió tímidamente. La tercera sucedió tras una conversación con una amiga, al colgar me dijo, ¿vas a ir al concierto? Vaya, llevo meses detrás de las entradas...debí invitarlo tras rogar a mi amiga que me cediera la suya, pero no lo hice... quizá porque llevo así casi dos años y si cambio esta rutina puede que la eche de menos, tener ganas todos los días de coger el autobús e idealizar a ese chico desconocido, ir averiguando cosas y que me sorprenda...esa es una chispa que aún no he decidido si estoy dispuesta a perder a base del conocimiento total, del día a día y su realidad...


Cristina González

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