- Los niños son felices porque ríen con todo su corazón. Y porque también lloran. Con todo su corazón.
- Y tú, ¿hace cuanto tiempo que no lloras?
- Desde el momento en que vi su espalda por última vez, sabiendo que sería la última.
- Entonces ¿lo has superado?
- Lo he sobrevivido.
- Y si no lo has olvidado, ¿cómo es que no sigues llorando?
- No quiero tirar nada. Por si vuelve. Cuando se fue se llevó todo de mi. Mis abrazos, mis risas, mis lágrimas. No solo no lloro. Tampoco sonrío. Ni siento. Ni nada.
- ¿Y merece la pena, vivir así?
- Merecerá la pena hasta el día en que ella muera, porque será entonces cuando ya no haya esperanza.
- ¿Y qué hacemos mientras tanto?
- Esperar. Y quererla. Quererla con todo mi corazón. Como los niños. Alguien me dijo una vez que si eres querido, aunque no lo sepas, aunque no puedas verlo ni te lo demuestren, no te sientes desdichado. No se quiere más a alguien por estar con él. Ella se merece que la quiera, hoy, mañana y siempre. Aunque otros la quieran. Mi amor no estará de más.
- ¿Y por qué no le dices lo que sientes?
- Porque esa duda, es lo que me mantiene vivo...
Cristina González
no dejes de escribir
ResponderEliminarA veces cuando soy feliz se me olvida hacerlo... necesito un poquito de caos para inspirarme
ResponderEliminar