martes, 6 de mayo de 2014
Terciopelo púrpura
Al primer instante de verle pensé "la vida es simplemente demasiado jugosa para no experimentar su inusual sabor" y fue en ese momento cuando vi nuestro futuro como un largometraje de los sesenta, en los que se le daba tiempo a los mínimos detalles, los silencios, y un tocadiscos de fondo haciendo sonar a Percy Sledge con When a man loves a woman.
Nos imaginé bailando en un salón de terciopelo púrpura, mientras entraba una brisa de azahar por el porche. Tenía un nombre particular, como a mi me gusta y esa sonrisa tímida del que sabe que está siendo observado. Me tomó la mano, con el pretexto de mirar mi pulsera, tenia una mano grande y firme en la que se desvanecía mi pulso. Hicieron falta cinco minutos para darme cuenta de que era el hombre de mi vida. Y dos minutos más para saber que también el de otra. Se sentó a nuestro lado, parecía agradable. Son esas situaciones en las que sabes lo que va a suceder, en las que odias que la vida te ponga buenas personas a las que herir, y malas personas que te hieran, siempre y no al revés. Pagué mi copa entre aquel gran grupo de gente mientras me despedía de ambos sin dejar de mirarlo.
- Discúlpame- le dije a ella
- ¿Por qué?- sonrió
La dejé confundida con una sonrisa torcida, y me marché.
Era demasiado temprano para que entendiese que se lo iba a arrebatar, pero una mujer sabe cuando otra representa una amenaza. Y yo lo era.
A veces hay que ser egoísta, es el precio de envolver tu sueño con terciopelo púrpura.
Cristina González
jueves, 1 de mayo de 2014
La piel es la camisa de fuerza del alma
Besos con alma...
Están los besos con los labios que son los de la carne, los besos que transmiten los ojos que van más allá... y luego están esos... los besos del alma, besos de dentro, en la media distancia, mientras observas callado y atento como se enamoran tus entrañas.
Besos ambientales, que suceden en los roces inconscientes, en momentos intermitentes. Besos que solo se reciben si el otro tiene libre su alma, si esa alma transpira por su piel, si vuestras almas se encuentran conectadas...
Besos como medicación, como fuente de aprendizaje. Besos del intelecto, amor de cerebros, conocimientos y sabiduría como cualidades encandiladoras. La piel es la camisa de fuerza del alma... El condón de los besos que embarazan... los besos que unen, condón umbilical del alma.
Cristina González
Cristina González
miércoles, 28 de agosto de 2013
El creador del mal tiempo
Llueve en el mismo jardín que pisaron hace un tiempo tus pies... ¿llueve allí también?
No puedo vaciarme, la lluvia cala en mí los sentimientos que dejaste sobre la piel. Dime como hacerlo. Sólo dime.
El viento mueve las ramas, de los árboles donde solías jugar... ¿hay aire allí también?
No puedo ser indiferente, el viento me mece agitando los recuerdos en mi mente como una cubitera de la noche.
El frío hiela la vereda que rozaron un día tus manos... sentado, alejado del tráfico de la gran ciudad... ¿hace frío allí también?
No puedo seguir adelante, el frío contrae mi cuerpo, congelando con preguntas cada músculo, cada hueso, cada movimiento.
La chica se gira y mira por la ventana la luna de invierno en este verano. Se abraza fuertemente... ¿hay luna de invierno allí también?
No puede seguir mirando atrás, la luz daña sus ojos, quema sus retinas, ciega su visión.
La chica sale bajo la lluvia, a limpiarse sus miradas, sus besos, su tacto y se asusta... ¿habrá chicas como ella allí también?
jueves, 20 de junio de 2013
Tú y yo no somos "nosotros"
Escribo cuando todo va muy bien, o cuando todo va fatal.
Escribo cuando nada alivia.
Escribo cuando la ausencia de tu mano sobre la mía se acerca.
Escribo para dejar de pensarlo, para dejar ir tus ojos a otros ojos, tu alma a otro lugar, tu mente a otro pensamiento.
Escribo para recordarme no volver a tropezar, para olvidar el tabaco en tus labios, mi sonrisa reflejada en tus ojos, tu sonrisa en los de ella.
Escribo para olvidar quien es la madre de tus hijos, escribo precisamente por no serlo yo. Escribo porque los fracasos duelen.
Escribo porque no hay mejor sitio para mis dedos que en estas letras, harta de arañarme, de golpear mi subconsciente una y otra vez, escribo porque esto es una nueva derrota.
Brindo por mi caída y brindo por las rodillas intactas del resto; brindo por la estupidez humana de seguir un dictamen, lo establecido, lo políticamente correcto en vez de lo que claman sus entrañas. Brindo en cambio por lo deshumanizada que estoy, por mi miseria y mi falta de escrúpulos, mi instinto al que sigo a pies juntillas, mi carnalidad.
Odio al amor y a los que dicen tenerlo. Odio sus jaulas, sus escaparates de fin de semana y la mediocridad del resto de días.
Odio ser conocedora de que no tengo reglas en el amor, ni una sola, y eso me aterra. Odio mi libre albedrío, mi anarquía sentimental, mi altruismo amoroso. Odio dejarme llevar, odio enamorarme. Odio que todo valga, odio quererte, odio ofrendarte y odio que tu camino sea impuesto, y no por ti. Te odio por no ser más yo.
Me odio por no ser más tú.
Cristina González
Escribo cuando nada alivia.
Escribo cuando la ausencia de tu mano sobre la mía se acerca.
Escribo para dejar de pensarlo, para dejar ir tus ojos a otros ojos, tu alma a otro lugar, tu mente a otro pensamiento.
Escribo para recordarme no volver a tropezar, para olvidar el tabaco en tus labios, mi sonrisa reflejada en tus ojos, tu sonrisa en los de ella.
Escribo para olvidar quien es la madre de tus hijos, escribo precisamente por no serlo yo. Escribo porque los fracasos duelen.
Escribo porque no hay mejor sitio para mis dedos que en estas letras, harta de arañarme, de golpear mi subconsciente una y otra vez, escribo porque esto es una nueva derrota.
Brindo por mi caída y brindo por las rodillas intactas del resto; brindo por la estupidez humana de seguir un dictamen, lo establecido, lo políticamente correcto en vez de lo que claman sus entrañas. Brindo en cambio por lo deshumanizada que estoy, por mi miseria y mi falta de escrúpulos, mi instinto al que sigo a pies juntillas, mi carnalidad.Odio al amor y a los que dicen tenerlo. Odio sus jaulas, sus escaparates de fin de semana y la mediocridad del resto de días.
Odio ser conocedora de que no tengo reglas en el amor, ni una sola, y eso me aterra. Odio mi libre albedrío, mi anarquía sentimental, mi altruismo amoroso. Odio dejarme llevar, odio enamorarme. Odio que todo valga, odio quererte, odio ofrendarte y odio que tu camino sea impuesto, y no por ti. Te odio por no ser más yo.
Me odio por no ser más tú.
Cristina González
martes, 31 de julio de 2012
Diálogo
- Los niños son felices porque ríen con todo su corazón. Y porque también lloran. Con todo su corazón.
- Y tú, ¿hace cuanto tiempo que no lloras?
- Desde el momento en que vi su espalda por última vez, sabiendo que sería la última.
- Entonces ¿lo has superado?
- Lo he sobrevivido.
- Y si no lo has olvidado, ¿cómo es que no sigues llorando?
- No quiero tirar nada. Por si vuelve. Cuando se fue se llevó todo de mi. Mis abrazos, mis risas, mis lágrimas. No solo no lloro. Tampoco sonrío. Ni siento. Ni nada.
- ¿Y merece la pena, vivir así?
- Merecerá la pena hasta el día en que ella muera, porque será entonces cuando ya no haya esperanza.
- ¿Y qué hacemos mientras tanto?
- Esperar. Y quererla. Quererla con todo mi corazón. Como los niños. Alguien me dijo una vez que si eres querido, aunque no lo sepas, aunque no puedas verlo ni te lo demuestren, no te sientes desdichado. No se quiere más a alguien por estar con él. Ella se merece que la quiera, hoy, mañana y siempre. Aunque otros la quieran. Mi amor no estará de más.
- ¿Y por qué no le dices lo que sientes?
- Porque esa duda, es lo que me mantiene vivo...
Cristina González
- Y tú, ¿hace cuanto tiempo que no lloras?
- Desde el momento en que vi su espalda por última vez, sabiendo que sería la última.
- Entonces ¿lo has superado?
- Lo he sobrevivido.
- Y si no lo has olvidado, ¿cómo es que no sigues llorando?
- No quiero tirar nada. Por si vuelve. Cuando se fue se llevó todo de mi. Mis abrazos, mis risas, mis lágrimas. No solo no lloro. Tampoco sonrío. Ni siento. Ni nada.
- ¿Y merece la pena, vivir así?
- Merecerá la pena hasta el día en que ella muera, porque será entonces cuando ya no haya esperanza.
- ¿Y qué hacemos mientras tanto?
- Esperar. Y quererla. Quererla con todo mi corazón. Como los niños. Alguien me dijo una vez que si eres querido, aunque no lo sepas, aunque no puedas verlo ni te lo demuestren, no te sientes desdichado. No se quiere más a alguien por estar con él. Ella se merece que la quiera, hoy, mañana y siempre. Aunque otros la quieran. Mi amor no estará de más.
- ¿Y por qué no le dices lo que sientes?
- Porque esa duda, es lo que me mantiene vivo...
Cristina González
lunes, 23 de julio de 2012
Algo que he leido en algun sitio, pero no sé a quien pertenece. Cargado de verdad. Es algo que nos pasa a la mayoria de mortales, aunque para unos pocos "suertudos" el primero y el segundo sean la misma persona.
" Dicen que a lo largo de nuestra vida tenemos dos grandes amores;
uno con el que te casas o vives para siempre,
puede que el padre o la madre de tus hijos...
Esa persona con la que consigues la compenetración máxima
para estar el resto de tu vida junto a ella...
Y dicen que hay un segundo gran amor,
una persona que perderéis siempre.
Alguien con quien naciste conectado,
tan conectado que las fuerzas de la química escapan a la razón
y os impedirán,siempre, alcanzar un final feliz.
Hasta que cierto día dejareis de intentarlo…
Os rendiréis y buscaréis a esa otra persona que acabaréis encontrando.
Pero os aseguro que no pasaréis una sola noche,
sin necesitar otro beso suyo, o tan siquiera discutir una vez más...
Todos sabéis de qué estoy hablando, porque mientras estabais leyendo esto,
os ha venido su nombre a la cabeza.
Os librareis de él o de ella, dejareis de sufrir,
conseguiréis encontrar la paz (le sustituiréis por la calma),
pero os aseguro que no pasará un día
en que deseéis que estuviera aquí para perturbaros.
Porque,a veces, se desprende más energía discutiendo con alguien a quien amas,que haciendo el amor con alguien a quien aprecias."
" Dicen que a lo largo de nuestra vida tenemos dos grandes amores;
uno con el que te casas o vives para siempre,
puede que el padre o la madre de tus hijos...
Esa persona con la que consigues la compenetración máxima
para estar el resto de tu vida junto a ella...
Y dicen que hay un segundo gran amor,
una persona que perderéis siempre.
Alguien con quien naciste conectado,
tan conectado que las fuerzas de la química escapan a la razón
y os impedirán,siempre, alcanzar un final feliz.
Hasta que cierto día dejareis de intentarlo…
Os rendiréis y buscaréis a esa otra persona que acabaréis encontrando.
Pero os aseguro que no pasaréis una sola noche,
sin necesitar otro beso suyo, o tan siquiera discutir una vez más...
Todos sabéis de qué estoy hablando, porque mientras estabais leyendo esto,
os ha venido su nombre a la cabeza.
Os librareis de él o de ella, dejareis de sufrir,
conseguiréis encontrar la paz (le sustituiréis por la calma),
pero os aseguro que no pasará un día
en que deseéis que estuviera aquí para perturbaros.
Porque,a veces, se desprende más energía discutiendo con alguien a quien amas,que haciendo el amor con alguien a quien aprecias."
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