martes, 22 de febrero de 2011

Decir adiós


Decir adiós... Dejarle marchar...
Cuando amas a otro ser más que a ti mismo, no te mueven tus intereses, sino los suyos... conseguir tu felicidad arrebatando otra y más si es la suya propia, es complicado. Mirar como se marcha y poner una sonrisa para enjugarle un poco más el momento cuando lo que deseas es salir corriendo detrás... eso en mi diccionario sentimental es ser valiente, valiente, duro y sentencioso, es soportar un peso que sabes que nadie te va a quitar, y que terminará pudiendo contigo, cediendo y cayendo sobre tí, y aún así lo hacemos... es apretar el nudo de la corbata, y saber que esa mano no vendrá a aflojarlo, pero mejor que se encuentre en tu garganta y no en la suya... oir como se alejan sus pasos, sentirlos como latigazos, que se gire para verte una última vez con esa mirada de nostalgia, de preocupación y dolor, dolor que en realidad se siente pero aún no ha llegado a su punto más álgido... no es ni un atisbo de lo que vendrá... y le digas adelante, no tengas miedo, todo me irá bien... mentirle, mentirle en la cara a aquel que amas, precisamente por ese amor... Porque en su retroceso ves ese miedo, de dolerte, de saber que se pondrá bien y que a tí te costará un poquito más, lo que le duele, porque al igual que lo es para tí, tú eres su ser amado, y lo que deja atrás... Es ácido, trágico, inconsolable.
Nos hacemos mayores, marcados por las heridas, no por los años... las arrugas no saben tanto del dolor como las cicatrices... unas vienen con el tiempo y las otras nunca se van... nosotros nos miramos, nos reconocimos y nos amamos, pero tu destino estaba demasiado incrustado a hiel y a fuego como para cambiarlo... movimos algunas piezas y lo tambaleamos, pero si al final hubiese caído lo habrías hecho tú también porque una vida es mucho tiempo... mucho tiempo y muchas heridas que os cosieron muy fuerte, asi que a pesar de herirnos un poco, solo el tiempo sabrá que cicatrices nunca curarán y será cuando te cerciores de donde se encuentra remachada esa fecilidad... No nos pesan los recuerdos, podemos olvidar todos y cada uno de ellos... lo que nos pesan son los sueños, lo pendiente, lo que no hiciste, aquello que no diste...


Da igual donde nos encontremos, los palos vendrán cada vez golpeando más fuerte, pero ellos mismos te aportarán la resistencia para que el siguiente no duela tanto... da igual donde te quedes, ansiarás lo que dejaste... es condición del ser humano... al igual que equivocarse, son fallos de cálculo del corazón...


Cristina González


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